jueves, 8 de marzo de 2018

GRACIAS

       " A pesar de la tristeza y la desesperación, a pesar de los tiempos en que supuse que nunca lo lograría, a pesar de los años de dolor y alejamiento de mi verdadera naturaleza, ha sido una vida llena de bendiciones, una vida de riquezas indecibles, y no pudo haber sido de otra manera.

       Y si todo terminara mañana, si cayera el telón, todo quedaría resumido en una sola palabra, tan sólo quedaría una palabra, y esa palabra sería la misma que empezó todo esto, esa palabra es Gratitud.

   Gracias.

      Por todo, por la luz y la oscuridad, por las pérdidas y las ganancias, por el placer y el dolor, y por la inefable consciencia en donde todo surge y se desvanece como el canto de un pájaro.


                                                   Jeff Foster



miércoles, 31 de enero de 2018

CURSO DE REIKI, NIVEL I


Aprende Reiki para tí y para los demás.


Reiki puede ser utilizado por cualquier persona, no hace falta ninguna creencia, ni poseer ningún don especial, cualquier ser humano que lo decida, puede aprenderlo.

Su utilización no es solamente para sanar enfermedades, es un camino para el encuentro con uno mismo.

Los tratamientos de Reiki nos aportan Alegría de vivir, Honestidad, Serenidad, Entendimiento y Luz.

viernes, 11 de octubre de 2013

ACCIÓN VERSUS REACCIÓN

       Cuenta el columnista Sidney Harris que en cierta ocasión, acompañando a comprar el periódico a un amigo suyo, éste saludó con suma cortesía al dueño del quiosco, el cual, por su parte, le respondió con brusquedad y descortesía. El amigo de Harris, mientras recogía el periódico que el otro había arrojado hacia él de mala manera, sonrió y le deseó al vendedor un buen fin de semana. Cuando los dos amigos reemprendían su paseo, el columnista le preguntó:

       - ¿Te trata siempre con tanta descortesía?
       -  Sí, por desgracia.
       - ¿Y tú siempre te muestras igual de amable?
       -  Sí, así es.
       - ¿Y por qué eres tú tan amable con él, cuando él es tan antipático contigo?
       -  Porque no quiero que sea él quien decida cómo debo actuar yo.


     La persona "plenamente humana" es la persona que consigue ser "ella misma"; que no se doblega ante cualquier viento que pueda soplar ni está a la merced de la mezquindad, la vileza, la impaciencia y la ira de los demás; que no se deja transformar por el ambiente, sino que es ella la que influye en éste.

   Por desgracia, la mayoría de nosotros nos sentimos como una embarcación a merced de los vientos y las olas. Cuando los vientos rugen y las olas se encrespan, nos falta lastre y decimos cosas como: "Me pone enfermo..."; "Me saca de mis casillas..."; "Sus observaciones me hacen sentirme terriblemente violento..."; "Este tiempo me deprime increíblemente.."; "Este trabajo me aburre soberanamente..."; "Sólo con verle me pongo triste..."

    Si observamos todas estas cosas me afectan a mí y a mís emociones. No tengo nada qué decir sobre mi enojo, de mi depresión, de mi tristeza, etc. Y al igual que todo el mundo me limito a culpar a otros, a las circunstancias y a la mala suerte. La persona plenamente humana sabe que la culpa no es de las estrellas, sino nuestra. Podemos alzarnos por encima del polvo de la batalla cotidiana que a tantos de nosotros ciega y sofoca; y esto es precisamente lo que se espera de nosotros en nuestro proceso de crecer como personas.

  Esto no significa que haya que reprimir las emociones o negar la plenitud de las mismas. Lo que significa es, más bien, el equilibrio y la de las emociones. En la persona humana plenamente viva no puede darse ni el amortiguamiento de los sentidos y emociones ni la entrega incondicional a los mismos.
integración

   La persona plenamente viva escucha a sus sentidos y emociones y sintoniza con ellos; pero el entregarse a ellos supondría abdicar del intelecto y de la capacidad de elegir, dos facultades que hacen a los seres humanos superiores a los animales.

martes, 8 de octubre de 2013



    " Me ha costado comprender que el hombre empieza a vivir en la medida en que deja de soñar consigo mismo. Que empezamos a dar frutos cuando dejamos de construir castillos en el aire.
    Al igual que el niño que está aprendiendo a montar en bicicleta logra montar de hecho cuando se sumerge a fondo en esta actividad y, por contrapartida, se cae al suelo cuando se para a considerar lo bien o mal que lo está haciendo, así nosotros, todos, en cualquier actividad que llevemos a cabo. En cuanto comenzamos a juzgar los resultados, la magia de la vida se disipa y nos desplomamos.

    Cuando como, como; Cuando duermo, duermo. Así definió un gran maestro el Zen. Con este espíritu, no sólo es que se gaste menos energía en el desarrollo de una determinada actividad, sino que hasta sale uno tonificado de ella. El ser humano tiene el potencial de auto-cargarse en la acción.

    Por eso creo que para escribir, como para vivir o para amar, no hay que apretar, sino soltar, no retener, sino desprenderse. La clave de casi todo está en la magnanimidad del desprendimiento. El amor, el arte y la meditación, al menos esas tres cosas, funcionan así.


Del libro. "Biografía del silencio", Pablo d´Ors

martes, 17 de septiembre de 2013

Una gran lección

    Son muchos los pacientes que he visto desde el dia que me propuse hacer de las terapias manuales mi profesión, muchos. A todos y a cada uno de ellos los guardo en mi corazón por distintas causas, pero él llegó en el momento justo, respondiendo a mis dudas mas profundas y con su presencia, sus lágrimas, su emoción y sus palabras llenaron mi corazón plenamente.

    Sentí que estabas a punto de partir de este mundo y de eso hablé con tu cuerpo, pero sentí que habías cumplido tu misión, habías aprendido aquello que estaba planeado que aprendieras y creo que te has ido tranquilo y sereno, aunque muy joven. Me hubiera encantado que continuaras en esta vida con esa nueva actitud, con esa nueva forma de afrontar las cosas, pero una vez más me doy cuenta que la última palabra la tiene Él y que nosotros estamos para aceptarla y así, vivirla.

    Gracias por tu lección de vida, gracias por tus palabras que se quedarán en mi corazón y en mi alma siempre. Gracias por venir ese día y a dejarme el mensaje que estaba esperando.

    Gracias, Beltrán.


  Te mandaré mucha luz para que sigas iluminándote.

viernes, 13 de septiembre de 2013

         Querer sanar es una decisión que hay que tomar, no digo que sea fácil, ni la decisión, ni el proceso; pero si quieres, si anhelas reencontrarte, deberás decidirlo TÚ. Este es un camino muy personal.

    La vida se ocupará de darte todo lo que necesitas para sanar, no te preocupes, te dará a las personas adecuadas, el espacio adecuado, el cuidado, la protección que necesites. Ella quiere verte feliz, que fluyas, que florezcas.

     Si tu intención es evolucionar, conciliarte contigo misma/o y aprender a honrarle, la vida te apoyará incondicionalmente.
   
       Te mostrará el camino con amor y gentileza, no necesitarás hacer nada, sólo focalizar tu intención en reencontrarte.

      Tienes que estar preparado a sentir, a aprender de lo que la vida te presente y elegir.




- DEl libro. "En nombre del Amor"- Elena Vander.
      Muchos de nosotros nos preguntamos: "Si somos capaces de tantas cosas, ¿por qué no vivimos todos juntos en alegría, apertura y paz? ¿Por qué hay tantas guerras, violencia y tragedias en el mundo? ¿Por qué algunos nos sentimos vacíos por dentro? ¿Por qué estamos celosos, enfadados, atemorizados, deprimidos o incluso tenemos tendencias suicidas? ¿Por qué discutimos con las personas que nos rodean? ¿Por qué corremos tanto, pasando de una relación a otra, de un trabajo a otro, buscando siempre algo mejor, otro aparatito más nuevo? ¿Por qué algunos de nosotros nos refugiamos en el alcohol, las drogas, el sexo o la comida? ¿Por qué nos castigamos a nosotros mismos, a nuestros hijos, a nuestros amigos? ¿Por qué nos sentimos tan limitados e impotentes?"

      La respuesta más simple es que nos hemos olvidado de quién somos. Esa base de apertura, claridad y amor queda cubierta, en parte por la forma en que estamos estructurados como seres humanos y en parte por las experiencias y las lecciones que aprendemos a lo largo de la vida.

    Hay una antigua historia budista sobre un luchador que llevaba una joya en el pelo. Durante un combate con otros luchadores, recibió un golpe en la cabeza y, sin darse cuenta, se le incrustó la joya en la herida. Cuando se le curó, la joya quedó cubierta con la cicatriz. El pobre luchador se pasó el resto de su vida buscando la joya, sin descubrir que la llevaba en su interior.

    Esa es la situación en la que la mayoría de nosotros nos encontramos. Creemos en lo más profundo que hemos perdido algo muy valioso y lo buscamos constantemente fuera de nosotros mismos, sin darnos cuenta de que lo llevamos en nuestro interior allí donde vamos.

     Pero si miramos debajo de las cicatrices, de las heridas que hemos sufrido en la vida, podremos redescubrir  esa joya, ese amor básico e incondicional. Podremos limpiarla y pulirla hasta que brillen todas sus facetas. Del mismo modo, podremos redescubrir el amor esencial, alimentarlo y cultivarlo hasta que se convierta en bodhicitta, una preocupación profunda y activa por el bienestar de los demás.


miércoles, 12 de junio de 2013

UNA SENCILLA FORMA DE CAMBIAR EL MUNDO

    ES TAN FÁCIL, CUESTA TAN POCO....


       Cuenta Tsoknyi Rimpoche, uno de los maestros de meditación más destacados en el budismo tibetano actual, que en la tradición budista, es normal empezar recitando una pequeña oración para que cualquier esfuerzo que hagamos tenga un beneficio para los demás.
    Al final de nuestro ejercicio, debemos transmitir a los demás la fuerza, la paz o la calma a que hayamos despertado.
     Por supuesto, hay gente que podrá sentirse reacia a hacer eso. "¿Por qué tengo que darle el trabajo que he hecho a gente que no conozco?", puede preguntarse alguien.

        Lo único que te puedo decir es que AL COMPARTIR NO PIERDES NADA. POR EL CONTRARIO, LA FUERZA AUMENTA AL DARLA.

     Lo podrás comprobar tú mismo la próxima vez que entres en un restaurante de comida rápida y mires a los ojos a la persona que te esté atendiendo. Puede que se sienta más viva y alerta cuando esté preparando lo que le has pedido. O quizás cuando le des las gracias sinceramente al que te ha llenado el depósito de gasolina del coche, puedes ver que se le iluminan los ojos o que el cuerpo se le endereza al reconocer realmente que alguien lo ve como un ser humano. Tal vez sea más probable que se dirija a la siguiente persona que atienda de forma más amable y educada- lo cual puede a su vez influir en el comportamiento de aquel al que atiende, haciendo que, cuando trate con la siguiente persona que se encuentre, lo haga con un mayor grado de amabilidad y respeto-. También he visto gente que da las gracias al conductor cuando se baja del autobús. A veces no hay ninguna reacción, pero a medida que otros se fijan en eso y también dan las gracias al conductor, se crea una atmósfera de ondas de buenos sentimientos en el autobús, que quizás se extienda a lo largo de la ciudad.



      Qué poco cuesta! A que a todos nos gusta cuando una persona es amable con nosotros, nos atiende con una sonrisa y da las gracias, o los simples buenos días a tu vecino a la gente que te vas cruzando por la mañana...

      ¿Por qué no lo intentas?


jueves, 6 de junio de 2013

CUENTO BUDISTA

        Un viajero llegó a la orilla de un gran lago un día tranquilo y sereno. El cielo estaba despejado y la superficie del lago, de un color azul claro, inmóvil. El viajero se detuvo esa noche en la cabaña de un pescador que había cerca de allí. Cuando se levantó por la mañana, el lago parecía denso y embarrado. "¿Qué ha pasado?-se preguntó-Ayer el lago estaba tan azul y hoy de repente está sucio".
  
     Fue a la orilla pero no pudo ver ninguna causa evidente del cambio. No había barro en el agua o a lo largo de la orilla. Hasta que contempló el cielo y vio que estaba lleno de nubes de un tono gris oscuro. En ese momento se dio cuenta de que el color de las nubes había cambiado el color del lago; la propia agua, cuando la miraba, seguía estando limpia y transparente.

     Nuestra claridad esencial, en muchos sentidos, es como el lago. Puede que el "color" parezca cambiar de un día para otro o a cada momento, reflejando los pensamientos, las emociones y todo lo que pasa por "ahí arriba", por decirlo de algún modo.

          No importa lo que esté reflejando, la esencia nunca cambia: siempre permanece limpia, serena y transparente.

martes, 4 de junio de 2013

LA FELICIDAD ES COSA NUESTRA

      La felicidad nada tiene que ver con el deseo de dejar de ser lo que cada uno es, sino, por el contrario, con ser auténticamente uno mismo. El camino que conduce a la deseada felicidad comienza siempre con la propia decisión de ser feliz, asumiendo la responsabilidad de esa elección.

     Pocas cosas existen más deseables e importantes en esta vida que el deseo de ser feliz.

    Somos responsables de nuestra felicidad y, por añadidura, responsables de cómo nos va en la vida. Aunque nos duela aceptarlo, todos sabemos que, por acción o por omisión, por decisión previa o posterior, por dejar pasar o por haberlo producido, siempre somos parte de lo que nos sucede.
         Pero claro, es muy duro aceptarlo así, sin peros... tal vez sea porque esta declaración de involucración nos confronta con la responsabilidad de cambiar lo que no está bien. Quizá asumir de lleno tanta responsabilidad nos obliga a aceptar cierta complicidad en cada una de nuestras frustraciones.
         Nos duele, nos molesta, nos irrita y nos subleva que las cosas no sucedan como soñamos, como deseamos, como deberían suceder o como nos convendría que sucedieran. En la vida real, la de todos los días, a pesar de nuestra queja, las cosas difícilmente salen exactamente como deseábamos, y cuando se asemejan a eso, no ocurren en los plazos que habíamos imaginado.

    La duda, la indecisión y el miedo nos frenan demasiado a menudo para poder actuar adecuadamente ante la realidad a la que nos enfrentamos. Por si fuera poco, a nuestro alrededor están "los demás", que, con todo derecho, están persiguiendo sus propios sueños, no siempre deseosos o ansiosos de colaborar con nosotros (por no hablar de los que parecen que están empeñados en boicotear los sueños ajenos).
   Lo cierto es que, muchas veces, la posibilidad real de que nuestro deseo se cumpla en este momento es prácticamente nula.
   En el mundo de lo cotidiano siempre encontraremos dificultades, obstáculos y limitaciones para hacer realidad un sueño, cumplir un deseo o, simplemente, poder seguir nuestro camino sin perder el rumbo, y tendremos que elegir cada vez más conscientemente entre dos actitudes: culpar al exterior y pedirle o esperar que cambie, o hacernos partícipes de la frustrante realidad y ser cómplices de ese cambio, es decir, tomar una decisión y asumir la responsabilidad de actuar en coherencia con mis deseos trabajando activa y comprometidamente en esa dirección, afrontando el coste, el riesgo y el trabajo que conlleva ese camino.

      La tradición de todos los pueblos encierra su sabiduría y nos la lega en costumbres, en maneras de actuar, en leyendas y en frases. Los indígenas de toda América adoraban la fuerza de la naturaleza y cantaban alabanzas al Sol, al Luna, al Viento... A ellos imploraban una buena cosecha, un invierno benévolo o el favor de los vientos para que los llevaran a las costas más prósperas. Confiaban en sus favores con devoción; sin embargo, no dejaban de esmerarse para que esos dones pudieran manifestarse en toda su plenitud.
      Los araucanos, en el Sur más al sur de Latinoamérica, creían que los dioses premiaban a los que limpiaban perfectamente la tierra de malezas y a los que trazaban los surcos del arado en perfecta simetría. La recompensa divina consistía en hacer más abundante la cosecha.
       El pueblo sufí, con mucha sensatez, recomienda a cada uno de sus hombres: "Confía mucho en Dios... pero ata tú mismo a tu camello". Tal vez, no importe la correlación secuencial de los hechos, pero es evidente que la más efectiva de las tareas se lleva muy bien con el tiempo que le dedicas, con el interés que despierta en ti y con tu mejor aprendizaje o habilidad en el uso de las mejores herramientas.
       Así una frase de los indios Sioux resume muy bien esto: "Siempre será más fácil fabricarse un par de sandalias que querer tapizar de piel el camino".

     No se trata de perseguir lo que no tenemos ni de fantasear sobre lo felices que seríamos si lo consiguiéramos. Se trata de comprender de una vez para siempre que la felicidad depende de lo que sucede de la piel para adentro, mucho más de lo que ocurre de la piel para fuera.

      Deberíamos recordar cada mañana que ser feliz no está necesariamente relacionado con la risa, la alegría, el baile o el festejo, (aunque es verdad que los que se sienten felices se ríen más, festejan más la vida, y están casi siempre dispuestos a compartir con los demás el placer de la vida danzando y cantando).
   La felicidad se parece más a la paz interior que a la alegría, no tiene tanto que ver con llegar a algún lugar sino más bien con seguir adelante en el rumbo de aquello que da sentido a nuestra vida; no está relacionado con lo que logramos, sino con la certeza de no estar perdido.

   Estas pocas palabras quizá puedan aclararnos por qué la felicidad la encuentra cada uno en su propio y personal camino y por qué es tan difícil que mi rumbo coincida al cien por cien con el de otros. Qué bueno sería aprender y aceptar que aquellas decisiones que me permiten, quizá, sentirme el más feliz de los mortales, pueden no ayudar a otros a sentirse felices ni siquiera por un momento.

      No podemos hacer felices a otros, y nadie puede hacernos felices. Nadie puede hacer por ti lo que sólo tú puedes hacer por ti, y una de esas cosas es ocuparte de ser feliz.

      Termino poniendo un texto pequeño:
   Con todo lo que tenía salí un día a comprar un final feliz, pero como no encontré ninguno que me llenara por completo, decidí invertirlo todo en comprarme un nuevo comienzo.