Son muchos los pacientes que he visto desde el dia que me propuse hacer de las terapias manuales mi profesión, muchos. A todos y a cada uno de ellos los guardo en mi corazón por distintas causas, pero él llegó en el momento justo, respondiendo a mis dudas mas profundas y con su presencia, sus lágrimas, su emoción y sus palabras llenaron mi corazón plenamente.
Sentí que estabas a punto de partir de este mundo y de eso hablé con tu cuerpo, pero sentí que habías cumplido tu misión, habías aprendido aquello que estaba planeado que aprendieras y creo que te has ido tranquilo y sereno, aunque muy joven. Me hubiera encantado que continuaras en esta vida con esa nueva actitud, con esa nueva forma de afrontar las cosas, pero una vez más me doy cuenta que la última palabra la tiene Él y que nosotros estamos para aceptarla y así, vivirla.
Gracias por tu lección de vida, gracias por tus palabras que se quedarán en mi corazón y en mi alma siempre. Gracias por venir ese día y a dejarme el mensaje que estaba esperando.
Gracias, Beltrán.
Te mandaré mucha luz para que sigas iluminándote.
Siempre me ha gustado expresarme escribiendo, las palabras salen más fluídas y me permite profundizar más en mis pensamientos. Ahora mi camino está en la búsqueda de la serenidad y la confianza, y a ello me ayudan terapias como la Cráneo Sacral, el Reiki, el propio contacto con mis pacientes y amigos y la práctica del Aikido. Espero poder seguir avanzando y poco a poco ir consiguiendo metas que me ayuden a ser más feliz y a hacer más feliz al que me rodea.
martes, 17 de septiembre de 2013
viernes, 13 de septiembre de 2013
Querer sanar es una decisión que hay que tomar, no digo que sea fácil, ni la decisión, ni el proceso; pero si quieres, si anhelas reencontrarte, deberás decidirlo TÚ. Este es un camino muy personal.
La vida se ocupará de darte todo lo que necesitas para sanar, no te preocupes, te dará a las personas adecuadas, el espacio adecuado, el cuidado, la protección que necesites. Ella quiere verte feliz, que fluyas, que florezcas.
Si tu intención es evolucionar, conciliarte contigo misma/o y aprender a honrarle, la vida te apoyará incondicionalmente.
Te mostrará el camino con amor y gentileza, no necesitarás hacer nada, sólo focalizar tu intención en reencontrarte.
Tienes que estar preparado a sentir, a aprender de lo que la vida te presente y elegir.
- DEl libro. "En nombre del Amor"- Elena Vander.
La vida se ocupará de darte todo lo que necesitas para sanar, no te preocupes, te dará a las personas adecuadas, el espacio adecuado, el cuidado, la protección que necesites. Ella quiere verte feliz, que fluyas, que florezcas.
Si tu intención es evolucionar, conciliarte contigo misma/o y aprender a honrarle, la vida te apoyará incondicionalmente.
Te mostrará el camino con amor y gentileza, no necesitarás hacer nada, sólo focalizar tu intención en reencontrarte.
Tienes que estar preparado a sentir, a aprender de lo que la vida te presente y elegir.
- DEl libro. "En nombre del Amor"- Elena Vander.
Muchos de nosotros nos preguntamos: "Si somos capaces de tantas cosas, ¿por qué no vivimos todos juntos en alegría, apertura y paz? ¿Por qué hay tantas guerras, violencia y tragedias en el mundo? ¿Por qué algunos nos sentimos vacíos por dentro? ¿Por qué estamos celosos, enfadados, atemorizados, deprimidos o incluso tenemos tendencias suicidas? ¿Por qué discutimos con las personas que nos rodean? ¿Por qué corremos tanto, pasando de una relación a otra, de un trabajo a otro, buscando siempre algo mejor, otro aparatito más nuevo? ¿Por qué algunos de nosotros nos refugiamos en el alcohol, las drogas, el sexo o la comida? ¿Por qué nos castigamos a nosotros mismos, a nuestros hijos, a nuestros amigos? ¿Por qué nos sentimos tan limitados e impotentes?"
La respuesta más simple es que nos hemos olvidado de quién somos. Esa base de apertura, claridad y amor queda cubierta, en parte por la forma en que estamos estructurados como seres humanos y en parte por las experiencias y las lecciones que aprendemos a lo largo de la vida.
Hay una antigua historia budista sobre un luchador que llevaba una joya en el pelo. Durante un combate con otros luchadores, recibió un golpe en la cabeza y, sin darse cuenta, se le incrustó la joya en la herida. Cuando se le curó, la joya quedó cubierta con la cicatriz. El pobre luchador se pasó el resto de su vida buscando la joya, sin descubrir que la llevaba en su interior.
Esa es la situación en la que la mayoría de nosotros nos encontramos. Creemos en lo más profundo que hemos perdido algo muy valioso y lo buscamos constantemente fuera de nosotros mismos, sin darnos cuenta de que lo llevamos en nuestro interior allí donde vamos.
Pero si miramos debajo de las cicatrices, de las heridas que hemos sufrido en la vida, podremos redescubrir esa joya, ese amor básico e incondicional. Podremos limpiarla y pulirla hasta que brillen todas sus facetas. Del mismo modo, podremos redescubrir el amor esencial, alimentarlo y cultivarlo hasta que se convierta en bodhicitta, una preocupación profunda y activa por el bienestar de los demás.
La respuesta más simple es que nos hemos olvidado de quién somos. Esa base de apertura, claridad y amor queda cubierta, en parte por la forma en que estamos estructurados como seres humanos y en parte por las experiencias y las lecciones que aprendemos a lo largo de la vida.
Hay una antigua historia budista sobre un luchador que llevaba una joya en el pelo. Durante un combate con otros luchadores, recibió un golpe en la cabeza y, sin darse cuenta, se le incrustó la joya en la herida. Cuando se le curó, la joya quedó cubierta con la cicatriz. El pobre luchador se pasó el resto de su vida buscando la joya, sin descubrir que la llevaba en su interior.
Esa es la situación en la que la mayoría de nosotros nos encontramos. Creemos en lo más profundo que hemos perdido algo muy valioso y lo buscamos constantemente fuera de nosotros mismos, sin darnos cuenta de que lo llevamos en nuestro interior allí donde vamos.
Pero si miramos debajo de las cicatrices, de las heridas que hemos sufrido en la vida, podremos redescubrir esa joya, ese amor básico e incondicional. Podremos limpiarla y pulirla hasta que brillen todas sus facetas. Del mismo modo, podremos redescubrir el amor esencial, alimentarlo y cultivarlo hasta que se convierta en bodhicitta, una preocupación profunda y activa por el bienestar de los demás.
miércoles, 12 de junio de 2013
UNA SENCILLA FORMA DE CAMBIAR EL MUNDO
ES TAN FÁCIL, CUESTA TAN POCO....
Cuenta Tsoknyi Rimpoche, uno de los maestros de meditación más destacados en el budismo tibetano actual, que en la tradición budista, es normal empezar recitando una pequeña oración para que cualquier esfuerzo que hagamos tenga un beneficio para los demás.
Al final de nuestro ejercicio, debemos transmitir a los demás la fuerza, la paz o la calma a que hayamos despertado.
Por supuesto, hay gente que podrá sentirse reacia a hacer eso. "¿Por qué tengo que darle el trabajo que he hecho a gente que no conozco?", puede preguntarse alguien.
Lo único que te puedo decir es que AL COMPARTIR NO PIERDES NADA. POR EL CONTRARIO, LA FUERZA AUMENTA AL DARLA.
Lo podrás comprobar tú mismo la próxima vez que entres en un restaurante de comida rápida y mires a los ojos a la persona que te esté atendiendo. Puede que se sienta más viva y alerta cuando esté preparando lo que le has pedido. O quizás cuando le des las gracias sinceramente al que te ha llenado el depósito de gasolina del coche, puedes ver que se le iluminan los ojos o que el cuerpo se le endereza al reconocer realmente que alguien lo ve como un ser humano. Tal vez sea más probable que se dirija a la siguiente persona que atienda de forma más amable y educada- lo cual puede a su vez influir en el comportamiento de aquel al que atiende, haciendo que, cuando trate con la siguiente persona que se encuentre, lo haga con un mayor grado de amabilidad y respeto-. También he visto gente que da las gracias al conductor cuando se baja del autobús. A veces no hay ninguna reacción, pero a medida que otros se fijan en eso y también dan las gracias al conductor, se crea una atmósfera de ondas de buenos sentimientos en el autobús, que quizás se extienda a lo largo de la ciudad.
Qué poco cuesta! A que a todos nos gusta cuando una persona es amable con nosotros, nos atiende con una sonrisa y da las gracias, o los simples buenos días a tu vecino a la gente que te vas cruzando por la mañana...
¿Por qué no lo intentas?
Cuenta Tsoknyi Rimpoche, uno de los maestros de meditación más destacados en el budismo tibetano actual, que en la tradición budista, es normal empezar recitando una pequeña oración para que cualquier esfuerzo que hagamos tenga un beneficio para los demás.
Al final de nuestro ejercicio, debemos transmitir a los demás la fuerza, la paz o la calma a que hayamos despertado.
Por supuesto, hay gente que podrá sentirse reacia a hacer eso. "¿Por qué tengo que darle el trabajo que he hecho a gente que no conozco?", puede preguntarse alguien.
Lo único que te puedo decir es que AL COMPARTIR NO PIERDES NADA. POR EL CONTRARIO, LA FUERZA AUMENTA AL DARLA.
Lo podrás comprobar tú mismo la próxima vez que entres en un restaurante de comida rápida y mires a los ojos a la persona que te esté atendiendo. Puede que se sienta más viva y alerta cuando esté preparando lo que le has pedido. O quizás cuando le des las gracias sinceramente al que te ha llenado el depósito de gasolina del coche, puedes ver que se le iluminan los ojos o que el cuerpo se le endereza al reconocer realmente que alguien lo ve como un ser humano. Tal vez sea más probable que se dirija a la siguiente persona que atienda de forma más amable y educada- lo cual puede a su vez influir en el comportamiento de aquel al que atiende, haciendo que, cuando trate con la siguiente persona que se encuentre, lo haga con un mayor grado de amabilidad y respeto-. También he visto gente que da las gracias al conductor cuando se baja del autobús. A veces no hay ninguna reacción, pero a medida que otros se fijan en eso y también dan las gracias al conductor, se crea una atmósfera de ondas de buenos sentimientos en el autobús, que quizás se extienda a lo largo de la ciudad.Qué poco cuesta! A que a todos nos gusta cuando una persona es amable con nosotros, nos atiende con una sonrisa y da las gracias, o los simples buenos días a tu vecino a la gente que te vas cruzando por la mañana...
¿Por qué no lo intentas?
jueves, 6 de junio de 2013
CUENTO BUDISTA
Un viajero llegó a la orilla de un gran lago un día tranquilo y sereno. El cielo estaba despejado y la superficie del lago, de un color azul claro, inmóvil. El viajero se detuvo esa noche en la cabaña de un pescador que había cerca de allí. Cuando se levantó por la mañana, el lago parecía denso y embarrado. "¿Qué ha pasado?-se preguntó-Ayer el lago estaba tan azul y hoy de repente está sucio".
Fue a la orilla pero no pudo ver ninguna causa evidente del cambio. No había barro en el agua o a lo largo de la orilla. Hasta que contempló el cielo y vio que estaba lleno de nubes de un tono gris oscuro. En ese momento se dio cuenta de que el color de las nubes había cambiado el color del lago; la propia agua, cuando la miraba, seguía estando limpia y transparente.
Nuestra claridad esencial, en muchos sentidos, es como el lago. Puede que el "color" parezca cambiar de un día para otro o a cada momento, reflejando los pensamientos, las emociones y todo lo que pasa por "ahí arriba", por decirlo de algún modo.
No importa lo que esté reflejando, la esencia nunca cambia: siempre permanece limpia, serena y transparente.
Fue a la orilla pero no pudo ver ninguna causa evidente del cambio. No había barro en el agua o a lo largo de la orilla. Hasta que contempló el cielo y vio que estaba lleno de nubes de un tono gris oscuro. En ese momento se dio cuenta de que el color de las nubes había cambiado el color del lago; la propia agua, cuando la miraba, seguía estando limpia y transparente.
Nuestra claridad esencial, en muchos sentidos, es como el lago. Puede que el "color" parezca cambiar de un día para otro o a cada momento, reflejando los pensamientos, las emociones y todo lo que pasa por "ahí arriba", por decirlo de algún modo.No importa lo que esté reflejando, la esencia nunca cambia: siempre permanece limpia, serena y transparente.
martes, 4 de junio de 2013
LA FELICIDAD ES COSA NUESTRA
La felicidad nada tiene que ver con el deseo de dejar de ser lo que cada uno es, sino, por el contrario, con ser auténticamente uno mismo. El camino que conduce a la deseada felicidad comienza siempre con la propia decisión de ser feliz, asumiendo la responsabilidad de esa elección.
Pocas cosas existen más deseables e importantes en esta vida que el deseo de ser feliz.
Somos responsables de nuestra felicidad y, por añadidura, responsables de cómo nos va en la vida. Aunque nos duela aceptarlo, todos sabemos que, por acción o por omisión, por decisión previa o posterior, por dejar pasar o por haberlo producido, siempre somos parte de lo que nos sucede.
Pero claro, es muy duro aceptarlo así, sin peros... tal vez sea porque esta declaración de involucración nos confronta con la responsabilidad de cambiar lo que no está bien. Quizá asumir de lleno tanta responsabilidad nos obliga a aceptar cierta complicidad en cada una de nuestras frustraciones.
Nos duele, nos molesta, nos irrita y nos subleva que las cosas no sucedan como soñamos, como deseamos, como deberían suceder o como nos convendría que sucedieran. En la vida real, la de todos los días, a pesar de nuestra queja, las cosas difícilmente salen exactamente como deseábamos, y cuando se asemejan a eso, no ocurren en los plazos que habíamos imaginado.
La duda, la indecisión y el miedo nos frenan demasiado a menudo para poder actuar adecuadamente ante la realidad a la que nos enfrentamos. Por si fuera poco, a nuestro alrededor están "los demás", que, con todo derecho, están persiguiendo sus propios sueños, no siempre deseosos o ansiosos de colaborar con nosotros (por no hablar de los que parecen que están empeñados en boicotear los sueños ajenos).
Lo cierto es que, muchas veces, la posibilidad real de que nuestro deseo se cumpla en este momento es prácticamente nula.
En el mundo de lo cotidiano siempre encontraremos dificultades, obstáculos y limitaciones para hacer realidad un sueño, cumplir un deseo o, simplemente, poder seguir nuestro camino sin perder el rumbo, y tendremos que elegir cada vez más conscientemente entre dos actitudes: culpar al exterior y pedirle o esperar que cambie, o hacernos partícipes de la frustrante realidad y ser cómplices de ese cambio, es decir, tomar una decisión y asumir la responsabilidad de actuar en coherencia con mis deseos trabajando activa y comprometidamente en esa dirección, afrontando el coste, el riesgo y el trabajo que conlleva ese camino.
La tradición de todos los pueblos encierra su sabiduría y nos la lega en costumbres, en maneras de actuar, en leyendas y en frases. Los indígenas de toda América adoraban la fuerza de la naturaleza y cantaban alabanzas al Sol, al Luna, al Viento... A ellos imploraban una buena cosecha, un invierno benévolo o el favor de los vientos para que los llevaran a las costas más prósperas. Confiaban en sus favores con devoción; sin embargo, no dejaban de esmerarse para que esos dones pudieran manifestarse en toda su plenitud.
Los araucanos, en el Sur más al sur de Latinoamérica, creían que los dioses premiaban a los que limpiaban perfectamente la tierra de malezas y a los que trazaban los surcos del arado en perfecta simetría. La recompensa divina consistía en hacer más abundante la cosecha.
El pueblo sufí, con mucha sensatez, recomienda a cada uno de sus hombres: "Confía mucho en Dios... pero ata tú mismo a tu camello". Tal vez, no importe la correlación secuencial de los hechos, pero es evidente que la más efectiva de las tareas se lleva muy bien con el tiempo que le dedicas, con el interés que despierta en ti y con tu mejor aprendizaje o habilidad en el uso de las mejores herramientas.
Así una frase de los indios Sioux resume muy bien esto: "Siempre será más fácil fabricarse un par de sandalias que querer tapizar de piel el camino".
No se trata de perseguir lo que no tenemos ni de fantasear sobre lo felices que seríamos si lo consiguiéramos. Se trata de comprender de una vez para siempre que la felicidad depende de lo que sucede de la piel para adentro, mucho más de lo que ocurre de la piel para fuera.
Deberíamos recordar cada mañana que ser feliz no está necesariamente relacionado con la risa, la alegría, el baile o el festejo, (aunque es verdad que los que se sienten felices se ríen más, festejan más la vida, y están casi siempre dispuestos a compartir con los demás el placer de la vida danzando y cantando).
La felicidad se parece más a la paz interior que a la alegría, no tiene tanto que ver con llegar a algún lugar sino más bien con seguir adelante en el rumbo de aquello que da sentido a nuestra vida; no está relacionado con lo que logramos, sino con la certeza de no estar perdido.
Estas pocas palabras quizá puedan aclararnos por qué la felicidad la encuentra cada uno en su propio y personal camino y por qué es tan difícil que mi rumbo coincida al cien por cien con el de otros. Qué bueno sería aprender y aceptar que aquellas decisiones que me permiten, quizá, sentirme el más feliz de los mortales, pueden no ayudar a otros a sentirse felices ni siquiera por un momento.
No podemos hacer felices a otros, y nadie puede hacernos felices. Nadie puede hacer por ti lo que sólo tú puedes hacer por ti, y una de esas cosas es ocuparte de ser feliz.
Termino poniendo un texto pequeño:
Con todo lo que tenía salí un día a comprar un final feliz, pero como no encontré ninguno que me llenara por completo, decidí invertirlo todo en comprarme un nuevo comienzo.
Pocas cosas existen más deseables e importantes en esta vida que el deseo de ser feliz.
Somos responsables de nuestra felicidad y, por añadidura, responsables de cómo nos va en la vida. Aunque nos duela aceptarlo, todos sabemos que, por acción o por omisión, por decisión previa o posterior, por dejar pasar o por haberlo producido, siempre somos parte de lo que nos sucede.
Pero claro, es muy duro aceptarlo así, sin peros... tal vez sea porque esta declaración de involucración nos confronta con la responsabilidad de cambiar lo que no está bien. Quizá asumir de lleno tanta responsabilidad nos obliga a aceptar cierta complicidad en cada una de nuestras frustraciones.
Nos duele, nos molesta, nos irrita y nos subleva que las cosas no sucedan como soñamos, como deseamos, como deberían suceder o como nos convendría que sucedieran. En la vida real, la de todos los días, a pesar de nuestra queja, las cosas difícilmente salen exactamente como deseábamos, y cuando se asemejan a eso, no ocurren en los plazos que habíamos imaginado.
La duda, la indecisión y el miedo nos frenan demasiado a menudo para poder actuar adecuadamente ante la realidad a la que nos enfrentamos. Por si fuera poco, a nuestro alrededor están "los demás", que, con todo derecho, están persiguiendo sus propios sueños, no siempre deseosos o ansiosos de colaborar con nosotros (por no hablar de los que parecen que están empeñados en boicotear los sueños ajenos).
Lo cierto es que, muchas veces, la posibilidad real de que nuestro deseo se cumpla en este momento es prácticamente nula.
En el mundo de lo cotidiano siempre encontraremos dificultades, obstáculos y limitaciones para hacer realidad un sueño, cumplir un deseo o, simplemente, poder seguir nuestro camino sin perder el rumbo, y tendremos que elegir cada vez más conscientemente entre dos actitudes: culpar al exterior y pedirle o esperar que cambie, o hacernos partícipes de la frustrante realidad y ser cómplices de ese cambio, es decir, tomar una decisión y asumir la responsabilidad de actuar en coherencia con mis deseos trabajando activa y comprometidamente en esa dirección, afrontando el coste, el riesgo y el trabajo que conlleva ese camino.
La tradición de todos los pueblos encierra su sabiduría y nos la lega en costumbres, en maneras de actuar, en leyendas y en frases. Los indígenas de toda América adoraban la fuerza de la naturaleza y cantaban alabanzas al Sol, al Luna, al Viento... A ellos imploraban una buena cosecha, un invierno benévolo o el favor de los vientos para que los llevaran a las costas más prósperas. Confiaban en sus favores con devoción; sin embargo, no dejaban de esmerarse para que esos dones pudieran manifestarse en toda su plenitud.
Los araucanos, en el Sur más al sur de Latinoamérica, creían que los dioses premiaban a los que limpiaban perfectamente la tierra de malezas y a los que trazaban los surcos del arado en perfecta simetría. La recompensa divina consistía en hacer más abundante la cosecha.
El pueblo sufí, con mucha sensatez, recomienda a cada uno de sus hombres: "Confía mucho en Dios... pero ata tú mismo a tu camello". Tal vez, no importe la correlación secuencial de los hechos, pero es evidente que la más efectiva de las tareas se lleva muy bien con el tiempo que le dedicas, con el interés que despierta en ti y con tu mejor aprendizaje o habilidad en el uso de las mejores herramientas.
Así una frase de los indios Sioux resume muy bien esto: "Siempre será más fácil fabricarse un par de sandalias que querer tapizar de piel el camino".
No se trata de perseguir lo que no tenemos ni de fantasear sobre lo felices que seríamos si lo consiguiéramos. Se trata de comprender de una vez para siempre que la felicidad depende de lo que sucede de la piel para adentro, mucho más de lo que ocurre de la piel para fuera.
Deberíamos recordar cada mañana que ser feliz no está necesariamente relacionado con la risa, la alegría, el baile o el festejo, (aunque es verdad que los que se sienten felices se ríen más, festejan más la vida, y están casi siempre dispuestos a compartir con los demás el placer de la vida danzando y cantando).
La felicidad se parece más a la paz interior que a la alegría, no tiene tanto que ver con llegar a algún lugar sino más bien con seguir adelante en el rumbo de aquello que da sentido a nuestra vida; no está relacionado con lo que logramos, sino con la certeza de no estar perdido.
Estas pocas palabras quizá puedan aclararnos por qué la felicidad la encuentra cada uno en su propio y personal camino y por qué es tan difícil que mi rumbo coincida al cien por cien con el de otros. Qué bueno sería aprender y aceptar que aquellas decisiones que me permiten, quizá, sentirme el más feliz de los mortales, pueden no ayudar a otros a sentirse felices ni siquiera por un momento.
No podemos hacer felices a otros, y nadie puede hacernos felices. Nadie puede hacer por ti lo que sólo tú puedes hacer por ti, y una de esas cosas es ocuparte de ser feliz.
Termino poniendo un texto pequeño:
Con todo lo que tenía salí un día a comprar un final feliz, pero como no encontré ninguno que me llenara por completo, decidí invertirlo todo en comprarme un nuevo comienzo.
lunes, 6 de mayo de 2013
La Serenidad ¿en que situación?
Aunque es algo que tenía escrito hace tiempo, lo he encontrado y quisiera compartirlo hoy....
"La Serenidad no surge de vivir las circunstancias ideales; la Serenidad es la capacidad de mantener centrada tu atención en medio de la dificultad, en aquello que para tí es una prioridad"
Esta semana hablaba de esto con Luis, y es que creemos que nos preparamos mucho para la Serenidad; leemos mucho, practicamos disciplinas que nos acercan a ella, como el Aikido, la Meditación, la Terapia Manual de Escucha.... pero luego una simple situación familiar que se sale de la rutina, nos desestabiliza de tal forma que notamos cómo nuestro corazón se ofusca, se ennegrece y surge una rabia que no comprendemos: "si yo trabajo mucho esto, por qué me invade ahora este sentimiento y estoy que me como a alguien?".
Y es que todo lo que leemos, lo leemos en un ambiente tranquilo, las letras que están impresas son muy bonitas, muy coherentes, incluso nos llegan al corazón porque nos vemos reflejados; lo que practimos, por ejemplo la Terapia Craneosacral, la hacemos en una habitación preparada para ello, con una luz tenue, una música que nos relaja, un aroma que acompaña y, normalmente el paciente está tranquilo; En el Aikido, practicamos con ataques de otra persona, y el entrenamiento es intenso, incluso a veces doloroso para nuestros miedos, sí, pero ese ataque lo realiza un amigo, le veo casi todos los días, compartimos momentos de trabajo, pero también risas, preocupaciones, momentos de tranquilidad y comprobamos que la práctica diaria nos cambia y nos hace evolucionar como aikidokas y como personas; entonces, ¿por qué me desestabilizo? Pues, por eso mismo, porque todo lo hacemos ,como dice la frase de arriba, en circunstancias ideales y el trabajo verdadero es el que da resultados cuando cualquier cosa nimia, insignificante nos altera nuestro corazón. Y es que creemos que tenemos el control de todo, porque hacemos todas estas cosas pero tenemos que dar gracias a estas situaciones que surgen ya que nos hacen poner a prueba nuestro trabajo y nos hacen crecer de verdad, es como cuando en clase, el maestro se pone un poco más serio y la práctica se pone intensa y llegas a sentir un cosquilleo de "miedo" por lo que va a pasar, por si no eres capaz de responderle como uke y así te pone a prueba tu propio pundonor, es ahí donde sabes si el trabajo de todos los días está sirviendo para algo o, en realidad tienes que tomártelo más en serio, porque si no, en el momento del ataque verdadero no sabes afrontarlo; es lo mismo que cuando en terapia el paciente se niega a ser realmente ayudado, con resistencias fuertes, y es ahí, donde realmente te das cuenta de si eres capaz de superar esas resistencias y llevar al paciente donde realmente lo necesita y llegar a una buena resolución; Y es lo mismo que cuando en casa, falta una simple goma o un simple lápiz para hacer los deberes que tu hija hace todos los días a la misma hora, y no puede hacerlos sin ella, y en ese momento te das cuenta de si estás preparado para afrontar la situación y cambiar la rutina por ese día,
Y es que la serenidad es saber ADAPTARSE a cada momento, tal y como viene, aunque no sea aquello que esperábamos o como esperábamos, hace falta FLUIR con lo que viene y ESCUCHAR cómo viene para poder superar esa sensación de desestabilización, esa rabia, ese desánimo.
Y es verdad lo que hablábamos luis y yo esta semana que el leer libros que te hacen reflexionar, practicar aikido, te ayudan a que en el momento crucial estés preparado y la situación sea cada vez más tranquila y tengamos más paciencia y más serenidad, todo eso nos acerca y nos hace entrar en el camino, pero el camino es largo e intenso.
Así lo siento yo.
Así que animo a todo el mundo a que busquen aquellas prácticas que le acerquen al encuentro de la Serenidad.
Mª Elena Guijarro Ureña
"La Serenidad no surge de vivir las circunstancias ideales; la Serenidad es la capacidad de mantener centrada tu atención en medio de la dificultad, en aquello que para tí es una prioridad"
Esta semana hablaba de esto con Luis, y es que creemos que nos preparamos mucho para la Serenidad; leemos mucho, practicamos disciplinas que nos acercan a ella, como el Aikido, la Meditación, la Terapia Manual de Escucha.... pero luego una simple situación familiar que se sale de la rutina, nos desestabiliza de tal forma que notamos cómo nuestro corazón se ofusca, se ennegrece y surge una rabia que no comprendemos: "si yo trabajo mucho esto, por qué me invade ahora este sentimiento y estoy que me como a alguien?".
Y es que todo lo que leemos, lo leemos en un ambiente tranquilo, las letras que están impresas son muy bonitas, muy coherentes, incluso nos llegan al corazón porque nos vemos reflejados; lo que practimos, por ejemplo la Terapia Craneosacral, la hacemos en una habitación preparada para ello, con una luz tenue, una música que nos relaja, un aroma que acompaña y, normalmente el paciente está tranquilo; En el Aikido, practicamos con ataques de otra persona, y el entrenamiento es intenso, incluso a veces doloroso para nuestros miedos, sí, pero ese ataque lo realiza un amigo, le veo casi todos los días, compartimos momentos de trabajo, pero también risas, preocupaciones, momentos de tranquilidad y comprobamos que la práctica diaria nos cambia y nos hace evolucionar como aikidokas y como personas; entonces, ¿por qué me desestabilizo? Pues, por eso mismo, porque todo lo hacemos ,como dice la frase de arriba, en circunstancias ideales y el trabajo verdadero es el que da resultados cuando cualquier cosa nimia, insignificante nos altera nuestro corazón. Y es que creemos que tenemos el control de todo, porque hacemos todas estas cosas pero tenemos que dar gracias a estas situaciones que surgen ya que nos hacen poner a prueba nuestro trabajo y nos hacen crecer de verdad, es como cuando en clase, el maestro se pone un poco más serio y la práctica se pone intensa y llegas a sentir un cosquilleo de "miedo" por lo que va a pasar, por si no eres capaz de responderle como uke y así te pone a prueba tu propio pundonor, es ahí donde sabes si el trabajo de todos los días está sirviendo para algo o, en realidad tienes que tomártelo más en serio, porque si no, en el momento del ataque verdadero no sabes afrontarlo; es lo mismo que cuando en terapia el paciente se niega a ser realmente ayudado, con resistencias fuertes, y es ahí, donde realmente te das cuenta de si eres capaz de superar esas resistencias y llevar al paciente donde realmente lo necesita y llegar a una buena resolución; Y es lo mismo que cuando en casa, falta una simple goma o un simple lápiz para hacer los deberes que tu hija hace todos los días a la misma hora, y no puede hacerlos sin ella, y en ese momento te das cuenta de si estás preparado para afrontar la situación y cambiar la rutina por ese día,
Y es que la serenidad es saber ADAPTARSE a cada momento, tal y como viene, aunque no sea aquello que esperábamos o como esperábamos, hace falta FLUIR con lo que viene y ESCUCHAR cómo viene para poder superar esa sensación de desestabilización, esa rabia, ese desánimo.
Y es verdad lo que hablábamos luis y yo esta semana que el leer libros que te hacen reflexionar, practicar aikido, te ayudan a que en el momento crucial estés preparado y la situación sea cada vez más tranquila y tengamos más paciencia y más serenidad, todo eso nos acerca y nos hace entrar en el camino, pero el camino es largo e intenso.
Así lo siento yo.
Así que animo a todo el mundo a que busquen aquellas prácticas que le acerquen al encuentro de la Serenidad.
Mª Elena Guijarro Ureña
LOS ARQUETIPOS Y LOS CHAKRAS (I)
Los arquetipos son proyecciones o espejos universales de todas las cualidades emocionales que surgen del núcleo de la experiencia humana: fortaleza y debilidad, amor y odio, coraje y temor. Nos muestran nuestro anverso y nuestro reverso, nuestra luz y nuestra sombra, nuestras cualidades positivas y negativas. Representan, en esencia, la multifacética alma de la conciencia humana: el Héroe y el Villano, el Tonto y el Sabio, el Dador y el Receptor, el Destructor y el Sanador.
Según Carl Jung, los arquetipos son "patrones de comportamiento" y constituyen una parte esencial de nuestra conciencia que, si lo permitimos, son capaces de iluminar nuestras formas inconscientes de comportamiento y ayudarnos en nuestra tarea de iluminar al inconsciente y los aspectos más oscuros de nuestras personalidades, lo que Jung denominó la Sombra: aquellas partes de nosotros que han permanecido sin desarrollar debido a que no se les ha dado expresión.

Nuestras experiencias diarias en el mundo reflejan los arquetipos que establecemos en nuestros mundos emocionales internos; reconocer este hecho puede ayudarnos a comprender nuestras motivaciones y comportamiento con mayor claridad. Por ejemplo, cuando nos sentimos desamparados ante situaciones difíciles, puede que nos identifiquemos con el arquetipo de la víctima. Pero también podemos reconocer que contamos con otros arquetipos más positivos tales como la Madre, el Guerrero o el Sabio.
Tanto si somos hombre o mujer, estas cualidades arquetípicas existen dentro de nosostros, tanto en forma de ideal como de potencial a ser expresado en nuestras propias vidas. Podemos encarnar estas cualidades amándonos y nutriéndonos a nosotros mismos; en otras palabras, convirtiéndonos en los arquetipos de nuestra propia Madre, Guerrero o Sabio. Crear arquetipos sanos en nuestras vidas es fundamental para nuestra sanación y crecimiento.
Cuando elevamos nuestros arquetipos de este modo, tenemos la oportunidad de hacer contacto con centros superiores de conciencia y vivir conforme a la sabiduría profunda que subyace en nuestro interior.
A fin de poder crecer, debe liberarse la energía de cualquier arquetipo negativo o disfuncional para que se pueda soltar la energía vital que está siendo bloqueada. Necesitamos esta energia ahora para llevar adelante nuestra vidas y hacer que florezcan.
Los arquetipos principales son:
. Víctima- Madre
- Mártir- Emperador, emperatriz
- Sirviente- Guerrero
- Actor/ actriz- Amante
- Niño silencioso- Comunicador
- Intelectual- Sabio
- Egotista- Gurú
Según Carl Jung, los arquetipos son "patrones de comportamiento" y constituyen una parte esencial de nuestra conciencia que, si lo permitimos, son capaces de iluminar nuestras formas inconscientes de comportamiento y ayudarnos en nuestra tarea de iluminar al inconsciente y los aspectos más oscuros de nuestras personalidades, lo que Jung denominó la Sombra: aquellas partes de nosotros que han permanecido sin desarrollar debido a que no se les ha dado expresión.

Nuestras experiencias diarias en el mundo reflejan los arquetipos que establecemos en nuestros mundos emocionales internos; reconocer este hecho puede ayudarnos a comprender nuestras motivaciones y comportamiento con mayor claridad. Por ejemplo, cuando nos sentimos desamparados ante situaciones difíciles, puede que nos identifiquemos con el arquetipo de la víctima. Pero también podemos reconocer que contamos con otros arquetipos más positivos tales como la Madre, el Guerrero o el Sabio.
Tanto si somos hombre o mujer, estas cualidades arquetípicas existen dentro de nosostros, tanto en forma de ideal como de potencial a ser expresado en nuestras propias vidas. Podemos encarnar estas cualidades amándonos y nutriéndonos a nosotros mismos; en otras palabras, convirtiéndonos en los arquetipos de nuestra propia Madre, Guerrero o Sabio. Crear arquetipos sanos en nuestras vidas es fundamental para nuestra sanación y crecimiento.
Cuando elevamos nuestros arquetipos de este modo, tenemos la oportunidad de hacer contacto con centros superiores de conciencia y vivir conforme a la sabiduría profunda que subyace en nuestro interior.
A fin de poder crecer, debe liberarse la energía de cualquier arquetipo negativo o disfuncional para que se pueda soltar la energía vital que está siendo bloqueada. Necesitamos esta energia ahora para llevar adelante nuestra vidas y hacer que florezcan.
Los arquetipos principales son:
. Víctima- Madre
- Mártir- Emperador, emperatriz
- Sirviente- Guerrero
- Actor/ actriz- Amante
- Niño silencioso- Comunicador
- Intelectual- Sabio
- Egotista- Gurú
lunes, 15 de abril de 2013
¿QUÉ ES PARA TI PERDONAR? ¿ES OLVIDAR?
"Para mí perdonar no es sinónimo de olvidar, sino que consiste en que, sin olvidar lo que ha pasado, y subrayando que es bueno que conozcamos que las cosas ocurrieron así, esos acontecimientos no generen rechazo hacia la persona "perdonada" aunque sí pueda rechazarse sin paliativos lo que pudo haber hecho.
Es antinatural pedir a alguien que olvide. Lo ocurrido permanece en la memoria. Y la memoria que más se afianza es la emocional. Si somos precisos con las palabras, olvidar implica borrar u registro en la memoria. Pero yo no puedo borrar, a voluntad, por más que quiera, un registro en la memoria. Lo que sí puedo conseguir es que ese registro tenga un peso determinado y no uno mayor de lo que le corresponde. De lo contrario, mi vida puede quedar esclavizada por ese recuerdo.
El perdón reduce, o incluso anula, el peso negativo de las malas experiencias de mi vida. Puedo perdonar a una persona y sencillamente no querer volver a verla nunca más. Pensaré: "aquello ocurrió. Te perdono, no siento ira contra ti, no tengo ningún deseo de venganza pero tus valores y los míos no son compatibles, no tengo por qué vivir contigo".
Olvidar no necesariamente es bueno. Imaginad que alguien ha abusado de vosotros. Eso te ha llevado a la ira, al odio, al rechazo.. Con todo, llega un momento en que perdonas y dices: " Me acuerdo de que abusaste de mí. Lo recuerdo, y aún así, te perdono, y de este modo te dejo marchar y me libero a mí mismo..." El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado.
¿Y ese no olvidar no puede entenderse como rencor?
Somos frágiles, vulnerables e imperfectos y, aún así, también somos extraordinarios. Una cosa es reconocer que el recuerdo emocional existe y otra cosa es que uno viva anclado a ese recuerdo.
Lo que hemos vivido forma parte de lo que somos, pero no necesariamente determina mi forma de vivir y de relacionarme con los demás, aunque pueda, eso sí, condicionarla.
A quien vive en el rencor y el resentimiento, algo le come por dentro, porque no se ha liberado, no ha perdonado. El perdón ayuda a construir un futuro que no sea una simple prolongación del pasado.
¿Y si tengo un trauma es porque no perdono?
No necesariamente. "
Mario Alonso Puig. del Libro "La respuesta"
Es antinatural pedir a alguien que olvide. Lo ocurrido permanece en la memoria. Y la memoria que más se afianza es la emocional. Si somos precisos con las palabras, olvidar implica borrar u registro en la memoria. Pero yo no puedo borrar, a voluntad, por más que quiera, un registro en la memoria. Lo que sí puedo conseguir es que ese registro tenga un peso determinado y no uno mayor de lo que le corresponde. De lo contrario, mi vida puede quedar esclavizada por ese recuerdo.
El perdón reduce, o incluso anula, el peso negativo de las malas experiencias de mi vida. Puedo perdonar a una persona y sencillamente no querer volver a verla nunca más. Pensaré: "aquello ocurrió. Te perdono, no siento ira contra ti, no tengo ningún deseo de venganza pero tus valores y los míos no son compatibles, no tengo por qué vivir contigo".
Olvidar no necesariamente es bueno. Imaginad que alguien ha abusado de vosotros. Eso te ha llevado a la ira, al odio, al rechazo.. Con todo, llega un momento en que perdonas y dices: " Me acuerdo de que abusaste de mí. Lo recuerdo, y aún así, te perdono, y de este modo te dejo marchar y me libero a mí mismo..." El perdón libera mucho más al que perdona que al perdonado.
¿Y ese no olvidar no puede entenderse como rencor?
Somos frágiles, vulnerables e imperfectos y, aún así, también somos extraordinarios. Una cosa es reconocer que el recuerdo emocional existe y otra cosa es que uno viva anclado a ese recuerdo.
Lo que hemos vivido forma parte de lo que somos, pero no necesariamente determina mi forma de vivir y de relacionarme con los demás, aunque pueda, eso sí, condicionarla.
A quien vive en el rencor y el resentimiento, algo le come por dentro, porque no se ha liberado, no ha perdonado. El perdón ayuda a construir un futuro que no sea una simple prolongación del pasado.
¿Y si tengo un trauma es porque no perdono?
No necesariamente. "
Mario Alonso Puig. del Libro "La respuesta"
jueves, 4 de abril de 2013
LA LIBRE ELECCIÓN DEL SER HUMANO
¿Qué es el mal? El mal es todo aquello que atenta contra la naturaleza humana por privación de un bien necesario. Por ejemplo, ¿es la ceguera un mal? Lo es, ya que te priva de un bien necesario que es la visión.
Hay que distinguir entre los males físicos y los males morales. Un mal moral es todo aquello que te impide desarrollarte como ser humano, florecer y alcanzar tu plenitud.
Si aceptamos que hay gente que nace determinada a ser mala, no podemos determinar que el ser humano es libre. Sí podemos decir que hay condiciones temperamentales que pueden generar una mayor inclinación al mal. Pero yo, en el ejercicio de mi voluntad libre puedo elegir no dejarme arrastrar por mi tendencia. También puedo renunciar al ejercicio de mi voluntad y dejarme llevar por la facilidad. Puedo tomar una posición de víctima..., es decir, por ejemplo: "mi familia me ha humillado desde que nací; lo normal es que yo esté determinado a humillar también a la mía". Esto no se sostiene, porque si bien hay personas que han pasado por esta situación y han hecho de sus vidas una advertencia, hay otras muchas que ante las mismas circunstancias han hecho de sus vidas un ejemplo enormemente inspirador.
Somos espíritus encarnados. Y por eso, aunque en nuestro interior hay una inclinación a dominar a los demás, también hay una inclinación hacia el encuentro a través de la compasión y el amor.
Los indios navajos en Nuevo México cuentan una historia preciosa que es la base de su filosofía: "Dentro de mí está teniendo lugar una gran batalla: por un lado está el águila majestuosa. Todas las acciones del águila están llenas de verdad, de bondad y de belleza. el águila que habita dentro de mí vuela por encima de las nubes. Y aunque a veces baja a los valles, siempre deposita sus huevos en la cumbre de las altas montañas. Pero dentro de mí, también vive un terrible lobo. Él representa lo peor que hay en mí, se sustenta sobre mis propias caídas y justifica su presencia diciendo que él es también parte de mí. ¿Quién ganará esta gran batalla? Aquel a quien yo cada día alimente".
¿Y cómo se entrena uno para aplacar al lobo? El lobo se nutre, fundamentalmente, del ensimismamiento, del narcisismo, de la autosuficiencia, del creerse más que los demás y de estar obsesionado con ser valorado y reconocido por lo que eres y por lo que haces. Cuando el egocentrismo alcanza ese nivel el lobo está en su terreno.
Un filósofo austríaco, Martin Buber, decía que cuando nos convertimos en el centro del círculo, entonces somos incapaces de ver las inquietudes y las necesidades de los demás. Es entonces cuando alimentamos al lobo. Sin embargo, cuando comprendemos que todos tenemos sueños, tristezas y necesidades y ayudamos a otros a alcanzar sus sueños, a mitigar sus tristezas y a cubrir sus necesidades, entonces es como si abandonáramos ese círculo de nuestro egocentrismo y facilitáramos que apareciese una elipse. La elipse tiene dos centros que somos tú y yo. Cuando en nuestra relación construimos una elipse estamos alimentando al águila.
Hay que distinguir entre los males físicos y los males morales. Un mal moral es todo aquello que te impide desarrollarte como ser humano, florecer y alcanzar tu plenitud.
Si aceptamos que hay gente que nace determinada a ser mala, no podemos determinar que el ser humano es libre. Sí podemos decir que hay condiciones temperamentales que pueden generar una mayor inclinación al mal. Pero yo, en el ejercicio de mi voluntad libre puedo elegir no dejarme arrastrar por mi tendencia. También puedo renunciar al ejercicio de mi voluntad y dejarme llevar por la facilidad. Puedo tomar una posición de víctima..., es decir, por ejemplo: "mi familia me ha humillado desde que nací; lo normal es que yo esté determinado a humillar también a la mía". Esto no se sostiene, porque si bien hay personas que han pasado por esta situación y han hecho de sus vidas una advertencia, hay otras muchas que ante las mismas circunstancias han hecho de sus vidas un ejemplo enormemente inspirador.
Somos espíritus encarnados. Y por eso, aunque en nuestro interior hay una inclinación a dominar a los demás, también hay una inclinación hacia el encuentro a través de la compasión y el amor.
Los indios navajos en Nuevo México cuentan una historia preciosa que es la base de su filosofía: "Dentro de mí está teniendo lugar una gran batalla: por un lado está el águila majestuosa. Todas las acciones del águila están llenas de verdad, de bondad y de belleza. el águila que habita dentro de mí vuela por encima de las nubes. Y aunque a veces baja a los valles, siempre deposita sus huevos en la cumbre de las altas montañas. Pero dentro de mí, también vive un terrible lobo. Él representa lo peor que hay en mí, se sustenta sobre mis propias caídas y justifica su presencia diciendo que él es también parte de mí. ¿Quién ganará esta gran batalla? Aquel a quien yo cada día alimente".
¿Y cómo se entrena uno para aplacar al lobo? El lobo se nutre, fundamentalmente, del ensimismamiento, del narcisismo, de la autosuficiencia, del creerse más que los demás y de estar obsesionado con ser valorado y reconocido por lo que eres y por lo que haces. Cuando el egocentrismo alcanza ese nivel el lobo está en su terreno.
Un filósofo austríaco, Martin Buber, decía que cuando nos convertimos en el centro del círculo, entonces somos incapaces de ver las inquietudes y las necesidades de los demás. Es entonces cuando alimentamos al lobo. Sin embargo, cuando comprendemos que todos tenemos sueños, tristezas y necesidades y ayudamos a otros a alcanzar sus sueños, a mitigar sus tristezas y a cubrir sus necesidades, entonces es como si abandonáramos ese círculo de nuestro egocentrismo y facilitáramos que apareciese una elipse. La elipse tiene dos centros que somos tú y yo. Cuando en nuestra relación construimos una elipse estamos alimentando al águila.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
